19 momentos del 19S que marcaron nuestras vidas

Recatando México

19S el día que ocurrió lo inimaginable. La naturaleza, inconsciente de las casualidades, volvía a hacer de las suyas. Con 32 años y unas horas de diferencia, una nueva generación de mexicanos vivía su propio 85. Otros, vivían un déjà vu.

La terrorífica coincidencia se manifestaba. Todos esos relatos contados una y otra vez sobre aquel 19 de septiembre de 1985, cobraban un sentido inedito, visible, palpable.

Ya no eran tus papás ni tus abuelos, ahora eras tú el que vivía en carne propia el miedo, la desesperación, el horror, el coraje y la valentía de un 19S.

La historia sobre aquel día empezó a escribirse…

1. Cómo cada 19S, la ciudad entera realizaba un macro simulacro conmemorativo. Para muchos, aquel simulacro no era más que un pretexto para salir de la oficina o una buena razón para quejarse por el tráfico o la perdida de tiempo. Recuerdo con claridad haber repelado por las calles cerradas. ¡No vamos a llegar a la cita, que imprudencia esto del simulacro! -imprudente mi estupidez, mejor dicho-.

2. Un par de horas más tarde, sucedió lo inimaginable. Una fuerza desmedida movía la tierra. Era como imaginar a un niño sangoloteando sin parar aquella maqueta que había tardado días en construir.

3. La realidad y la casualidad se encontraron. Aquello era imposible, ¡no podia estar temblabdo de esa manera, no el mismo día en que había ocurrido el terremoto del 85!

4. Los segundos se volvierón infinitos. El movimiento cesó, pero la sensación permanecía. Por un instante todo quedo en suspenso, el silencio en la calle era casi sepulcral. Coches detenidos, automovilistas parados en medio de kilometros interminables de pavimento, calles abarratodas de gente quieta, palida, retraida.

5. Los llantos interrumpieron el silencio. Los murmullos hicieron eco. Se escuchó el ruido de los coches dando marcha. La ciudad parecía despertar poco a poco mientras todos intentabamos comprender lo sucedido.

6. Golpes recios, contundentes y devastadores, gritos y sirenas interrumpieron aquel limbo generalizado. De pronto, la incredulidad dio paso a un ir y venir más apresurado, más ruidoso, más urgente de lo habitual.

7. Como hormigas huyendo de su nido, todos comenzaron a correr, cada vez más de prisa, hacia todas direcciones. Madres huían en busca de sus hijos, esposos en busca de sus mujeres, hijos en busca de sus padres…

8.Lejos de las zonas más afectadas, todo era incertidumbre. Aislados e incomunicados, muchos buscaban la más insignificante señal que los conectara y los llevara de vuelta a la realidad.

9. Un enorme bulto de ladrillos cayendo sobre los autos de un estacionamiento y las nubes de polvo en medio de una enorme masa de concreto y cristal, tomadas desde lo alto de un edificio, fueron algunas de las primeras imagenes que todos pudimos ver.

19S
10. ¡Era real! La ciudad había sido azotada por un terremoto, había edificios colapsados, gente atrapada y herida, estabamos en estado de emergencia. Y sí, era 19 de septiembre.

11. La ciudad comenzó a colapsarse entre ataques pánico y desesperación. Automovilistas apresurados por encontrar a familiares o amigos con los que no se habían logrado comunicar, abarrotaban las calles sin cesar, mientras los servicios de emergencia pedían que se despejaran las vías para poder llegar a las zonas más críticas.

12. Mientras unos deseaban que a su auto le salieran alas, otros recorrían kilometros y kilometros a pie, algunos con un destino fijo, otros, sin rumbo. A su paso, era casi inevitable toparse con alguna devastación que requiriera de su ayuda con urgencia. Era como si cada ciudadano fuera Batman, y cada cuadrante una desesperada Ciudad Gótica.

13. En cuestión de minutos, el desastre había logrado lo que años de democracia no pudieron, completos desconocidos, hombro con hombro, se organizaban y trabajaban en los primeros esfuerzos para remover escombros y encontrar vida en medio de la más absoluta destrucción.

19S
14. Cadenas humanas se extendían por las calles dispuestas a cooperar en lo que hiciera falta, sacando piedras, curando heridas, consiguiendo palas, guantes, tapabocas, comida…

15. La ayuda comenzó a llegar de forma desproporcionada. Cerca de los derrumbes más grandes, las aceras desaparecían bajo miles de botellas de agua. Los parques, con ayuda de palos y lonas, se convertían en campamentos improvisados. Como si de una huelga de ollas y cucharas se tratara, las calles se inundaron de cocineros ofreciendo un reconfortante plato de comida caliente.

19S
16. La urgencia por salvar vidas era compartida. En medio del terror y el caos, la solidaridad y la empatía eran más grandes. Los mismos hombres y mujeres que cada mañana salen vestidos de fieras, aventando el coche pegados al claxón, pasando altos y maldiciendo a cada persona que se cruza en su camino, ese día estaban ahí, dispuestos a gastar sus ahorros para llevar ayuda, dispuestos a arriesgar su salud y hasta su vida por salvar la de alguien más.

19S
17. Con el paso de las horas llegaba lo inevitable, la recuperación de victímas mortales. El dolor se sentía en los huesos, ¡pudo ser mi mamá, mi papá, pude haber sido yo!

18. Con la tristeza impregnada, las primeras esperanzas de vida empezaron a llegar, murmullos y gritos ahogados en medio de aquellas montañas de cemento, se convirtian en el combustible de toda una ciudad. Con puños cerrados al aire, la ciudad callaba, si hay una hilo de voz, hay vida.

19S
19. Mientras unos veían la noche caer en la calle, cargando piedras, repartiendo agua y comida, organizando brigadas, reuniendo material, ayudando a los desorientados o buscando desaparecidos; otros abrían las puertas de sus casas a completos desconocidos ofreciendoles cama y comida. Ya fuera a la luz de los reflectores en las zonas de desastre o frente a un televisor, aquella noche nadie durmió. Aquel día, aquel 19S, había marcado nuestras vidas.

Firma Marimar

Marimar Durán
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Cafeinómana, bibliófila y enoclofófica. Amante de la comida, novia feliz y madre orgullosa de 3 perri-hijos. Escribo por diversión 😉
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Soy Anti Priísta y Anti AMLO, ahora ¿qué hago?

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