Marimar Durán

Autor: Marimar Durán

Mi cabeza es un caos de ideas que solo logran acomodarse cuando escribo, es ahí, en donde del caos, nacen las estrellas.

El estado civil no es sinónimo de felicidad, pero tampoco de sufrimiento

Nuestro estado civil no determina la clase de persona que somos ni cuan felices o miserables seremos.

El estado civil no es sinónimo de felicidad, pero tampoco de sufrimiento

Solteras, en una relación, una casada y todas con la mejor actitud

No puedo decir que crecí escuchando que el único lugar de la mujer en el mundo es a lado de un hombre, que su trabajo mas importante es ser esposa y madre, ni que para ser una profesionista exitosa hay que renunciar a la familia. Al contrario, crecí en un ambiente que me enseñó que la felicidad va mucho más allá de un estado civil o de una profesión, crecí entre mujeres que fueron y son muchas cosas: mamás, esposas, profesionistas, amigas, emprendedoras… pero con el tiempo me di cuenta que no todas las mujeres habían tenido esa fortuna.

Mi Facebook se divide en dos clases de mujeres: “las solteras y felices” y “las enamoradas y felices”, no importa que tanta felicidad les provoque a ambos grupos su estado civil, lo importante en este caso es destacar como las mujeres le seguimos dando demasiada importancia a nuestro estado civil, que sigue siendo un constante punto de definición, como si fuera parte de nuestras características y personalidad: “estatura mediana, pelo negro, inteligente, carácter fuerte, soltera…”

Algunas mujeres se dedican a publicar una felicidad que probablemente no sienten con respecto a su estado civil por creer que la realización de una mujer solo está en ser soltera o estar en una relación. Y eso es lo que más me llama la atención, porque resulta que somos nosotras mismas las que nos limitamos.

Solemos creer que solo las mujeres solteras pueden realizarse como profesionistas y solo las que están en una relación pueden hacerlo como madres y mujeres, cuando lo cierto es que todo es posible. Se puede ser soltera y madre, se puede tener una pareja, tener hijos y ser una profesionista realizada. Cómo también existe la posibilidad de estar en una relación o estar soltera y no ser una mujer feliz y realizada.

El estado civil no es sinónimo de felicidad, pero tampoco de sufrimiento

No hay nada más bonito que mujeres celebrando la felicidad de otra mujer

Mientras las mujeres que estamos en una relación solemos pensar que las solteras no son felices solas y cualquier mal humor que tengan se lo adjudicamos a su soltería, las mujeres solteras (y miren que lo fui por mucho tiempo, así que lo se por experiencia) juran que todas las mujeres que están en una relación en el fondo son infelices y que solo están ahí por no sentirse solas, lo cual, por cierto, es completamente falso.

A lo que voy es simple, las mujeres nos hemos convertido en nuestros propios enemigos creando estereotipos sobre nuestra felicidad y nuestra realización. Ver nuestro estado civil como medio para identificar el tipo de mujer que somos y seremos, es patético.

Ni todas las solteras que se sienten orgullosas de ello están realmente felices por estarlo, ni todas están amargadas por no tener una pareja. Como no todas las mujeres en una relación son inmensamente felices, ni todas sufren amargamente. Hay mujeres felices en sus relaciones, felices en su soltería, tristes en su relación o tristes en su soltería porque el estado civil no es sinónimo de felicidad, pero tampoco de sufrimiento.

Ser felices o vivir sufriendo es una decisión de cada día que va mucho más allá de tener o no una pareja.

Dejemos de estereotiparnos, comencemos a aceptar las diferentes formas de felicidad que existen y concentrémonos en tomar las decisiones que a nosotros nos hagan felices sin importar lo que los demás crean u opinen.

Aprende a controlar a tu dragón del miedo y sal de tu castillo de comfort

¿A cuantos sueños has renunciado por miedo? Es hora de armarte de valor, hacer a un lado el miedo y abandonar tu zona de comfort.

Aprende a controlar a tu dragón del miedo y sal de tu castillo del comfort

Los filtros de Snapchat me hacen el paro cuando ando medio fachosa 😉

Hace unas semanas decidí volver a leer un libro que en mi época de secundaria era tan imprescindible como “El Baldor” -con sus muuuy hondas diferencias, claro está- y que llego para convertirse en todo un referente. Hablo de “Y colorín colorado este cuento aún no se ha acabado” escrito por el famoso Odin Dupeyron.

Desde el primer capítulo sentí que estaba leyendo un libro diferente al que recordaba, hasta que caí en cuenta que no es lo mismo leer un libro a los 15 años que leerlo a los 26 ¡de verdad que no! 11 años son suficientes para darle un sentido completamente diferente a esta lectura.

En mi tierna adolescencia, el dragón del miedo que tuvo a la princesa encerrada en un castillo esperando la señal, no era más que una llana estupidez de ella. En mis dulces veinti muchos, ese dragón y ese castillo tienen un significado diferente: EL MIEDO A SALIR DE MI ZONA DE COMFORT.

Aprende a controlar a tu dragón del miedo y sal de tu castillo del comfort

Ese sello conmemorativo de 15 años, me hizo caer en cuenta de todos los años que pasaron desde la primera vez que lo leí.

Todos tenemos una zona de comfort en algún aspecto de nuestra vida -o en todos- y nos aterra abandonarla. Soñamos con miles de cosas y en cuanto decidimos trabajar en ello, basta con que nos topemos con una dificultad, que muchas veces es más una suposición que una realidad, para dejar que nuestro dragoncito del miedo gane. Cerramos el cajón y hacemos como si nunca hubiese cruzado por nuestra cabeza aquella idea o aquel sueño.

A mí me ha pasado muchas veces y en algún punto de mi vida sentí una enorme frustración por eso. Sentía nostalgia de todos esas ideas que había dejado a medias. Me sentía perdida y no tenía idea hacia dónde iba mi vida. Estaba muy decepcionada de mí.

Un buen día, sin pensarlo mucho y sin darle 200 mil vueltas a las cosas -como suelo hacer-, tome una decisión que cambio por completo mi vida y que me obligó a vencer muchos miedos, algunos ni siquiera sabía que los tenía, pero ahí estaban.

Gracias a ese episodio de inconsciente valentía, gané dos cosas increíbles: la primera, conocer a mi alma gemela, a mi cómplice, mi mejor amigo, mi compañero de vida; y la segunda, el concepto que tenía sobre mi cambió por completo, de sentirme frustrada y decepcionada conmigo, pase a descubrir que cuando realmente quiero algo, darme por vencida no es una opción.

Aprende a controlar a tu dragón del miedo y sal de tu castillo del comfort

Compañeros de viaje ♡

Este blog es otro ejemplo de eso. Más de una vez estuve a punto de mandarlo a la fregada, pero detuve mis arranques a tiempo y seguí adelante porque es algo que realmente amo hacer. Y a pesar de que mi vida ha cambiado con los años y el trabajo no me deja mucho tiempo libre para dedicarle, hacer este blog fue un sueño que volví realidad y ha sido una forma de poner a prueba mi disciplina y constancia, además de ponerme frente a frente con el gran dragón del miedo al fracaso, pero aquí sigo aprendiendo y aquí seguiré…

Mi consejo es que te pongas a prueba, te retes, te pongas metas… no esperes la señal, no esperes mágicamente salir de tu castillo,es tu chamba cambiar el concepto que tienes sobre ti, buscar tu camino y ser feliz.

Esta fue la historia de como descubrí a mi dragón del miedo y cómo por primera vez en mi vida logré callarlo. Así como la Princesa Odai, aprendí que ese dragón siempre va a estar ahí, pero tengo que aprender a usarlo a mi favor para ser precavida, cuidadosa, pero nunca miedosa. Y tú, ¿cómo vas con tu dragón del miedo?

Y colorín colorado este cuento se ha acabado… Bueno no, pero digamos que esté post sí. Nos vemos la siguiente semana para contarles alguna otra de mis cucu aventuras ✨

Cómo saber cuando es momento de decirle adiós a nuestro perro

Decirle adiós a nuestro perro, nuestro hijo, nuestro mejor amigo, nunca será algo fácil.

Cómo saber cuando es momento de decirle adiós a nuestro perro

La semana pasada mi novio y yo vivimos un auténtico infierno. Después de unos días de ver a Baloo echado, sin querer comer y vomitando, creyendo que probablemente estaba empachado, de pronto descubrimos síntomas completamente anormales y que iban mucho más allá de un simple malestar.

Su respiración empezó a ser cada vez más rápida, su hocico -que suele tener manchas rosas- estaba pálido, sus encías y lengua también; y no solo eso, estaba frío, súper frío, aunque el no parecía sentirlo, por más que lo tapábamos y abrazábamos el seguía helado.

Con todo el susto del mundo lo llevamos a la único hospital veterinario que encontramos abierto en domingo. De un primer vistazo, decidieron hospitalizarlo para hacerle estudios.

Los preliminares de los estudios fueron solo un aviso del horrible diagnóstico que nos esperaba. Esa tarde empezó nuestra pesadilla. Nuestro cachorro de solo un año y nueve meses fue diagnosticado con una cardiopatía congénita en el lado derecho de su corazón que le provocó algo llamado estenosis pulmonar, además de una insuficiencia hepática.

El diagnóstico fue como un cubetazo de agua fría, pero saber que su esperanza de vida, si lograba salir de ese episodio, no era mayor a 6 meses, fue como un golpe seco en la boca del estomago, por algunos segundos nos quedamos sin aire.

Las primeras 72 horas fueron de un sufrimiento absoluto, Baloo no respondía a los tratamientos, cada visita lo veíamos más débil, más delgado, más resignado.

Pedimos una segunda opinión, creíamos qué tal vez el diagnóstico no era el correcto y por eso no estaba haciendo efecto el tratamiento; fuimos en busca de alguien que nos confirmara o desmintiera el diagnóstico, estábamos desesperados.

Cómo saber cuando es momento de decirle adiós a nuestro perro

Lo estaba paparazziando mientras chismeaba por la ventana y…

Comenzamos a pensar seriamente en la eutanasia. Ambos estábamos de acuerdo en algo, no queríamos que nuestro perro sufriera. Por mucho que nos doliera tomar una decisión así, no queríamos que nuestro egoísmo alargará la agonía de Baloo.

¿Será el momento de decirle adiós? ¿No es muy pronto para tomar esa decisión? ¿Y si esperamos un par de días más? ¿Y si solo estamos alargando su agonía? Y si aún no es su momento? ¿Pero si no lo hacemos ahora, después no será peor? ¿Si logra salir de esto, va a sufrir? Preguntas como esas pasaban por nuestra cabeza cada segundo del día.

Creo que los dos nos torturamos tanto pensándolo que llegamos a hablar sobre la posibilidad de que Baloo muriera de forma natural y la tranquilidad que sentiríamos de que él se fuera bajo sus propios términos.

El simple hecho de considerar la eutanasia como la mejor opción después de ver a nuestro perro tan malito y con un panorama nada prometedor sobre su calidad de vida, fue suficiente para que Baloo dijera “ni madres, ni crean que esto es todo para mí” y en cuestión de 2 días mejoro de una forma impresionante, empezó a comer, pudieron quitarle el oxígeno y, por fin, pudimos traerlo a casa.

De como creímos que iba a ser su vida a cómo es en realidad hasta ahora, la verdad hay mucha diferencia. No es que los veterinarios fueran unos exagerados, en realidad Bali tiene una enfermedad muy avanzada y su vida no es la de antes, pero tampoco parece un perro enfermo, no está tirado todo el día con cara de tristeza o malestar, en realidad el parece bastante feliz.

Camina por la casa, el jardín y el patio, chismea por doquier, su enfermedad no le impide emocionarse cuando nos ve, comer normalmente y hasta jugar un poco. Es verdad que ahora debemos estar más pendientes de él, no podemos dejarlo solo por mucho tiempo, debemos cuidar que no se agite mucho y cada cierto tiempo llevarlo a descansar para evitar la falta de oxígeno, también debemos darle un montón de medicinas a lo largo del día, por lo que el verdadero reto está siendo organizarnos para que el nunca este solo, darle sus medicinas a tiempo y que no se exagere con su actividad física.

Cómo saber cuando es momento de decirle adiós a nuestro perro

¡Me cacho en la movida!

Después de todo esto, puedo decirles que cuando se enfrenten a un diagnostico doloroso, siempre es importante buscar una segunda opinión y, sobre todo, analizar a conciencia el estado de su perrito. Con esta experiencia aprendí que ellos son los que nos dan la pauta para tomar decisiones que por muy dolorosas que sean son lo mejor para ellos.

No se trata de precipitarse, pero tampoco de alargar la agonía cuando ya no hay nada que hacer y el perrito está sufriendo.

Baloo se dio una segunda oportunidad que agradecemos infinitamente y nos dejó claro que no era su momento. Somos conscientes que su enfermedad es muy seria y mientras él no sufra, estaremos felices de tenerlo con nosotros y nos dedicaremos a llenarlo de amor y cuidados.

Muchas gracias por leerme y espero que mi historia sirva de ayuda para quienes estén pasando por un momento difícil con su perrihijo.

Nos leemos la siguiente semana, adioouus!

El arte de hacer tormentas en vasos de agua

Armarla de pedo por una estupidez y dejar que el problema escale hasta límites insospechados, es un arte por muchos conocido y perfeccionado.

El arte de hacer tormentas en vasos de agua

Imagen tomada de stephanieleidang.blogspot.mx

Hace unos días alguien me platicaba sobre un problema que tuvo con una prima que más bien es como su hermana, aquello era digno de una telenovela, los gritos y los insultos de un momento de ira, se convirtieron en semanas de silencio y absoluto alejamiento. Se bloquearon en whatsapp y se borraron en Facebook, pero mantienen su amistad en Instagram para dedicarse indirectas.

Hasta aquel momento ninguna de las dos partes parecían tener planes a corto plazo para volver a dirigirse la palabra y, mucho menos, para reconciliarse.

Después de escuchar atenta cada detalle del asunto, aún tenía una gran duda ¿por qué pelearon de esa manera? ¿Qué provocó aquel problema de dimensiones dignas de Nostradamus?

   ¡¡¡UN COJÍN!!!

¿Es en serio? ¿Un cojín? ¿Pues de que era el cojín? ¿De oro? O ¿por que un cojín es razón suficiente para que dos primas/hermanas se peleen y se dejen de hablar por semanas?

Bueno, pues resulta que el perrito de una de ellas hizo de sus gracias con el cojín de la otra. La dueña del bendito cojín se enojo y dijo algo como “eso pasa porque no educas bien a tu perro” y la dueña del causante del conflicto se sintió ofendida y el resto es historia…

Entonces recordé aquel hermoso dicho de “hacer tormentas en vasos de agua” y lo mucho que nos gusta ponerlo en práctica. Armarla de pedo por una estupidez y dejar que el problema escale hasta límites insospechados, es una especialidad de muchas personas y un error en el que todos, aunque sea una sola vez, hemos caído.

Que un perro haga de sus gracias en tu cojín favorito es motivo de enojo, si. Que una persona te diga que no educas bien a tu perro, también puede ser molesto, pero ¿es esto razón suficiente para mandar a la fregada una relación de toda la vida?

Las susodichas, en medio de su enojo, dirían que si y sacarían una lista eterna de razones absurdas que justifiquen su exageración “hace 7 años se puso mi vestido y lo rompió, en Abril del año pasado le dio like a la foto de Juanchita que me cae mal, se fue a Acapulco y no me invito…” pero dejando la ira de lado y siendo racionales, la respuesta es ¡NO! ¡OBVIO QUE NO!

Y es ahí donde está el meollo del asunto, muchas veces estamos tan enfrascados en el “me dijo, le dije, me hizo…” que perdemos por completo la noción de lo que realmente provocó el problema y le damos demasiada importancia a algo que en realidad no la tiene. Sacamos por completo de contexto la situación y la llevamos al extremo.

Tan fácil que era dejar pasar unos días, pedir disculpas, llegar a un arreglo sobre el cojín dañado, perdonar y dejar de lado el incidente, pero no, ambas -como muchos de nosotros en ciertos momentos- optaron por hacer de un hecho molesto, una auténtica tragedia griega en la que el orgullo y el enojo se antepusieron a la racionalidad y lo que en realidad importa.

Esto es un pequeño recordatorio para que la siguiente vez que tengas un problema con alguien que quieres, tu mamá, tu hermano, tu amiga, tu pareja, no hagas una tormenta en un vaso de agua, no pierdas la perspectiva y saques de contexto el asunto hasta llevarlo a una zona en la que tu relación con esa persona peligre.

No pierdas personas y relaciones importantes por tonterías, por situaciones que, por molestas que sean, en comparación con la relación que tienes con esa persona, son nimiedades.

No olviden Cucus que #DelCaosNacenLasEstrellas

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