¡Basta de acoso callejero!

El acoso callejero, una realidad que sufrimos miles de mujeres todos los días.

acoso callejero

Hace algún tiempo, cuando caminaba por la calle de mi casa acompañada de Loretto -mi chihuahueño con alma de doberman-, vi que más adelante había un hombre recargado en un poste en el que Loretto siempre dejaba su “marca” y decidí cargarlo; cuando pasé a un lado de aquel trajeado, que no dudó en dedicarme un piropo muy “a la mexicana”, mi perro se sintió amenazado y simplemente soltó una mordida, agarrando la corbata del hombre que, con una cara de miedo -que aún recuerdo y me dan ganas de reír- se limitó a decir “¡si es bravo el perrito!”.

Nunca he estado más orgullosa de mi doberman versión bolsillo de lo que estuve ese día, su actuación fue simplemente perfecta, fue como si hubiese entendido cada palabra que salió de la boca del nefasto tipo recargado en el poste, al que seguramente no le quedaron muchas ganas de “piropear” a otra mujer, por lo menos no una que lleve a su perro.

A partir de aquel día Loretto se convirtió en mi acompañante perfecto, porque es un excelente “arma de defensa personal” -por llamarlo de alguna manera-, ya que al ser pequeño todos creen que es inofensivo, pero cuando se acerca alguien desconocido ¡pum! Loretto se transforma y se vuelve un mini Hulk que le ha dado muy buenos sustos a más de un listillo.

Pero, ¿por qué las mujeres debemos traer “armas de defensa personal” para sentirnos seguras?

En la calle, en el supermercado, en el transporte público, en el parque, si eres mujer y estás sola, cualquier lugar es bueno para que algún hombre se te acerque, te dedique una letanía de piropos vulgares, miradas burlonas y maliciosas acompañadas de risas que revelan un ego machista que necesita ser alimentado. Pero muchos no se conforman con alimentarlo incomodándote solo con palabras, están desde los que comienzan a seguirte, hasta los que, con todo el descaro del mundo, se te acercan con cualquier pretexto -o ni eso- para tocarte o susurrarte cualquier cantidad de porquerías.

Y por si eso fuera poco, ahora, gracias a la tecnología, el acoso callejero a pasado a un siguiente nivel y la ya famosa historia del joven costarricense que está luchando por su vida tras haber enfrentado y filmado a un hombre mientras grababa por debajo de la falda de una mujer, es el mejor ejemplo de ello.

Ahora resulta que no solo debemos hacernos de la vista gorda cuando nos chiflan, nos insultan y nos tocan, ¿ahora también debemos soportar que nos graben y nos fotografíen -y que intenten matar a quien se atreva a defendernos-? Esto es simplemente ridículo, y lo peor, es que hasta el día de hoy no existe una ley que contemple el acoso callejero como un delito, de hecho, el termino ni siquiera aparece en algún código legal vigente en el país.

A pesar de los esfuerzos que muchas organizaciones nacionales e internacionales han hecho para dar a conocer este problema y combatirlo, a las autoridades no les ha parecido un asunto importante. Si bien es verdad que en algunos códigos civiles y leyes de protección a la mujer se tratan temas de acoso y violencia sexual, lo cierto es que no se específica el acoso callejero a pesar de ser el más común.

No podemos hablar de progreso y desarrollo en un país que no le ofrece a las mujeres algo tan elemental como seguridad y protección de género, y creo que una buena forma de empezar sería combatiendo el acoso callejero a través de una legislación que lo considere como un delito penado.

Pero mientras eso sucede, por el momento ya tengo otro compañerito llamado Lobo con más tamaño y fuerza que la del pequeño Loretto para acompañarme en las caminatas matutinas.

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Marimar Durán
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Marimar Durán

Cafeinómana, bibliófila y enoclofófica. Amante de la comida, novia feliz y madre orgullosa de 3 perri-hijos. Escribo por diversión 😉
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