Divide y vencerás, el tipo de política que triunfa en el mundo

Divide y vencerás, el tipo de política que triunfa en el mundo

Una política que triunfa en el mundo y de la que Venezuela, Estados Unidos y Cataluña ya sufren las consecuencias. ¿Podría México ser el siguiente?

Divide y vencerás, el tipo de política que triunfa en el mundo

Cataluña es noticia en el mundo, y no precisamente por la impresionante actuación del Barcelona F.C. en algún torneo. La división absoluta de su sociedad en manos de un discurso político independentista ha llegado a lo más profundo del nacionalismo español.

Ante un ideal independentista que ha visto su esperanza desvanecerse en la urnas durante años, un nuevo referéndum, previamente declarado anticonstitucional, llegó. Cómo era de esperarse, la violencia se apoderó de las calles beneficiando un movimiento orquestado en las sombras de la ilegalidad y que de pronto cobraba legitimidad ante los ojos un mundo que desaprueba la violencia.

Con el ideal independentista convertido en víctima, por primera vez parecían ganar, era claro, aquellos que no querían la independencia no habían ido a votar, para ellos, para los catalanes españoles, el referéndum era ilegal.

Las repercusiones económicas, esas que el discurso político embellecedor omitió, ya se estaban dejando ver. En unos cuantos días se había manifestado el tamaño de catástrofe que la República de Cataluña trairía consigo, siendo los anti independentistas los más afectados.

Una auto frustrada declaración de independencia dejo ver lo difícil que es llevar y sostener en la realidad de un estado de derecho, un discurso político ardiente y efectivo entre las minorías frente a las urnas. Hacer política y gobernar son cosas muy diferentes, a Puigdemont y a Trump eso les ha quedado claro en los últimos meses.

Dividieron a la sociedad y ganaron, convencieron a sus seguidores que los grandes culpables de sus principales problemas sociales, económicos y políticos son terceros, para Puigdemont es España, para Trump es México y los inmigrantes.

Han llevado su discurso al extremo. De forma irresponsable y egocéntrica se han pasado por el arco del triunfo leyes e instituciones nacionales e internacionales, -o por lo menos, lo han intentado- provocando crisis de dimensiones inimaginables que, en muchos casos, se les han salido por completo de las manos.

Un tipo en el poder haciendo lo que se le da la gana, valiéndole gorro el sistema y sus balances. Como que esta historia me suena familiar, me suena como a C-H-A-V-E-Z. Así en separado porque luego se ofenden por la comparación.

Pero a diferencia de Chávez y su desangelado sucesor, Nicolás Maduro, Puigdemont y Trump se han enfrentado a un sólido estado de derecho protegido por instituciones fortalecidas que los han obligado a meterse la cola entre las patas. 

Puigdemont declaró la independencia para pedir que la invalidarán en cuestión de segundos y dar paso al diálogo con el Gobierno Central. Semanas después, sumergido en las presiones de sus seguidores y aliados políticos, declaró la independencia a costa de su propia libertad. Las últimas noticias desde Europa, indican que el expresidente del gobierno catalán tomo rumbo a Bélgica, un país que tiene sus propios problemas separatistas y que ya en el pasado dio asilo a miembros de la ETA negándose a entregarlos al gobierno español. De hecho, Puigdemont tuvo a bien contratar al mismo abogado que hace unos años evitara la extradición de una terrorista española. La estrategia es clara, el quiere que Bélgica le otorgue un asilo político que pondría en tela de juicio el estado de derecho español y llevaría la crisis catalana hasta la Unión Europea. 

En poquitas palabras, este hombre, que no representa ni a la mitad del electorado catalán pero que logro dividir a toda su sociedad e hizo a España entera tambalear, ahora quiere  hacer tambalear a Europa.

De este lado del charco, Trump cambia de opinión ante cada barrera que se encuentra. Hace unos meses México debía pagar el muro y los “dreamers” tendrían que regresar a sus países. Hoy el discurso es diferente, hoy intercambia volver a poner en marcha el programa DACA a cambio de que México pague el muro. Empieza a querer negociar, ya empieza a darse cuenta que no está dirigiendo sus empresas, sino que es la cabeza de un gobierno que se maneja bajo un sistema de balances en el que no puede hacer lo que le venga en gana.

Divide y vencerás, el tipo de política que triunfa en el mundo

Con todo esto pasando en el mundo y a un año de las elecciones presidenciales en México, entiendo mejor que nunca porque el rival a vencer es Andrés Manuel Lopez Obrador.

Al igual que Chávez, Maduro, Trump y Puigdemont, con sus increíbles diferencias pero con el nacionalismo como bandera, Lopez Obrador es un conocido enemigo de las instituciones públicas. Desde su administración en el desaparecido Distrito Federal, pasando por sus dos fracasadas elecciones y su eterna campaña electoral, se ha caracterizado por siempre buscar desprestigiar a las instituciones públicas cuando no lo favorecen.

En más de una ocasión ha incitado a la violencia y a la desobediencia civil, se ha apoderado de vías públicas, causando destrozos y pérdidas económicas importantes, siempre excusado en el derecho a la libre manifestación.

Cómo no podía faltar en esta forma de hacer política, AMLO también tiene identificados a los grandes culpables de todos los males de México: la clase política podrida -a la que él mismo pertenece desde hace más de 30 años, aunque algunos lo olviden- y los ricos -menos él, sus hijos y sus cuates, por supuesto-.

Con un discurso clasista que criminaliza a las clases altas y justifica los actos delictivos de las calases bajas, ha logrado apelar al odio y abrir una brecha -que solo a él favorece- en una sociedad de por si caracterizada por luchar en favor de sus diferencias y no de sus similitudes. 

¿Qué pasaría si López Obrador llegara a la presidencia? ¿Serían las instituciones nacionales y el deficiente estado de derecho mexicano, lo suficientemente resistentes para los embates que les esperarían con AMLO en la silla presidencial? Lo dudo…

De izquierda o de derecha; políticos experimentados o improvisados; independentistas, clasistas o racistas, todos están cortados por la misma tijera. Apelan al nacionalismo más burdo con el fin de dividir y vencer.

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Marimar Durán
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Mi cabeza es un caos de ideas que solo logran acomodarse cuando escribo, es ahí, en donde del caos, nacen las estrellas.
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En México hay miles de Harvey Weinstein sueltos y no veo titulares con sus caras

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